Dionisos o la integración de la consciencia

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Rescatar a Dionisos es una forma de recordarle a
nuestra especie que nuestro interior es un universo
de riquezas invaluables, tesorero de preciosa
información que anhela ser descubierto,
que está esperando por nosotros para descubrirlo.

Dionisos es la figura más fascinante de la mitología griega.

Es el dios de la ebriedad y la locura, del vino y de los enteógenos, de la revelación del futuro y de lo invisible.

Es el dios que encarna el efecto que producen los psicodélicos y embriagantes en las personas y transmite la capacidad de ver el mundo oculto que ofrecen estas drogas.

En él residen la creatividad, el éxtasis y la capacidad para suspender temporalmente la estrecha identidad personal.

Simboliza un universo femenino e inconsciente, reino del misterio de la vida, de las fuerzas terrenas y del cambio perpetuo. Su leyenda nos habla sobre el significado de la temperancia, la responsabilidad y la libertad.

Su figura recalca las contradicciones inherentes a una fuerza dominada por Tánatos y Eros: el orden y el caos, el miedo y el entusiasmo, la creatividad y el estancamiento, el amor extático y la destrucción, la disciplina y el constante cambio, tantas veces caótico y violento.

Según Walter Otto, “Dionisos es el dios loco cuya aparición provoca el frenesí entre los humanos, es hijo del éxtasis y del temor, de la furia desatada y de la liberación más dulce”.

Hijo de Zeus y de Sémele —del gran espíritu y de una humana divinizada cuyo nombre significa La Tierra—, el nombre de este dios denota el “Divino-Niso” o el “Niso de Zeus”, siendo Nisos el nombre de unas tierras de fábula, por donde sale el sol. También se le conoce como “el que relaja” o “el liberador”. Su esposa era Ariadna, la desenredadora del hilo que permite orientarse dentro del laberinto.

Dionisos exhibía una capacidad de transmutación asombrosa y aparecía en los más distintos contextos, bajo formas muy diversas. Al igual que el inconsciente, no se dejaba ver jamás. Los griegos lo adoraban a través de máscaras de ojos extáticos.

Para Josep Fericgla, Dionisos es la representación de lo que hoy entendemos como el inconsciente humano y sus diversas formas de manifestarse y la máscara, psicológicamente, significa el encuentro consigo mismo.

El inconsciente es esa parte interna que vigila cuando la mente consciente se ha desviado, que dice qué hacer ante una crisis, cuando no hay tiempo para razonar lógicamente y tomar decisiones. Es la parte de nosotros en la que se encuentran ángeles, demonios y todo lo intermedio. Es el dominio del conocimiento oculto, de los sentimientos, emociones y energías que dirigen lo que somos y lo que hacemos.

Jugar con la locura, encontrar lo divino

Por eso, Dionisos simboliza los peligros y recompensas que esperan a todo aquel que decida sumergirse en las profundidades de sí mismo. 

Al ser la deidad del inconsciente —hogar de la creatividad, la pasión desbordada, el éxtasis y la sed de conocimiento— representa la violencia del cambio, la exuberancia que espera afuera de los confines cotidianos, la liberación total y la felicidad sin límites que se puede experimentar en un estado alterado de conciencia.

Simboliza la ruptura de las inhibiciones, de las represiones y de los rechazos.

Simboliza las fuerzas que surgen del inconsciente y que rigen la vida y la muerte de las personas. Simboliza “la otra parte” de nosotros mismos, esa parte que nos habla desde el interior, desde las profundidades del subconsciente, y cuyo mensaje debemos integrar con la conciencia despierta si queremos ser personas completas.

En un sentido religioso, los cultos dionisíacos representan los esfuerzos para romper las barreras que separan a los humanos de lo divino.

La locura como rasgo de Dionisos se expresaba en la música y la danza extáticas, características de los cultos que se rendían a este dios que para los griegos significaba la revelación del sentido profundo de la vida y la muerte. Estos cultos escenifican la necesidad de sentir, gozar y llegar hasta los límites de lo posible que albergamos las personas, y muestran que la locura y la cordura son dos caras de la misma moneda.

Así, quienes desean cultivar su racionalidad, lucidez y entereza mental, pueden enfrentarse voluntariamente al delirio. Si ganan, habrán avanzado en el camino del auto descubrimiento, obteniendo valiosas herramientas para enfrentar las vicisitudes del destino.

Pero no es fácil ganar una partida que está poblada de espejismos y que enfrenta directamente al individuo con la locura, la aniquilación y el nihilismo.  

La aventura del autodescubrimiento

Dionisos nos muestra que la aventura del autodescubrimiento implica atisbar en las profundidades del yo e incursionar en esos espacios psíquicos que son la fuente de la creatividad y de la espiritualidad, el hogar de la auténtica verdad y del sentido de la vida de cada uno, y que contienen las claves para entender quiénes somos  y qué queremos.

Nos muestra que cuando se niega su existencia y se silencian las voces del subconsciente —anulando las posibilidades de excursión y expresión desinhibidas—, el resultado es un mundo de petrificación, rigidez y muerte.

Con excepción de algunos círculos especializados e iconoclastas, hoy en el mundo occidental la búsqueda de Dionisos representa enfermedad mental y crimen.

Cualquiera que manifieste abiertamente su inconformidad con las pautas sociales de comportamiento, que intente desviarse de ellas, o que desee usar enteógenos o drogas psicodélicas para abrir las puertas de la consciencia subjetiva, es catalogado por las autoridades civiles como enfermo mental y criminal.

En todos los códigos penales del mundo están proscritos algunos métodos para explorar, descubrir y aceptar la consciencia humana.

Esto explica que los espectaculares avances que se han hecho en el entendimiento de la naturaleza del mundo físico no hayan tenido la vital contrapartida en el entendimiento de la naturaleza del inconsciente humano, de esas imágenes, emociones y energías que determinan los usos a los que ha de dirigirse el conocimiento de la materia física.

Podemos palpar los resultados a nuestro alrededor.

Si nos negamos la posibilidad de reconocer y aceptar la existencia de estas energías primarias seremos incapaces de aprender a convivir con ellas. Y sin el conocimiento consciente de lo que habita en nuestras psiques seguiremos incompletos y seremos incapaces de elegir inteligentemente.

Dionisos hoy

Si dentro de la mitología griega hay un personaje que el mundo contemporáneo debe conocer es a Dionisos.

Pareciese como si este dios representara todo lo que los seres humanos de hoy se empeñan en negar y enterrar en el olvido.

La leyenda de Dionisos es una historia que ilustra magistralmente la bipolaridad inherente a la naturaleza humana, bipolaridad que debe conocerse y respetarse si no queremos quedar presos de nuestros arrebatos inconscientes.

Por eso, reconstruir la leyenda del olvidado Dionisos es una forma de encontrar la historia de nuestra consciencia. Es una deuda que nuestro presente tiene que saldar en algún momento cercano.

Para indagar por los difusos límites que existen entre la locura y la cordura. Para buscar y exponer las diferentes formas en las que el culto dionisíaco se sigue manifestando, sigilosamente, en el arte y la literatura. Para impulsar la búsqueda de lo divino.

Para recordarle a nuestra especie que nuestro interior es un universo de riquezas invaluables, tesorero de preciosa información que anhela ser descubierto, que está esperando por nosotros para descubrirlo.

Dionisos es el inconsciente fascinante y soberbio.

La búsqueda de Dionisos es la búsqueda de la integración de la consciencia, del por qué somos cómo somos y por qué hacemos lo que hacemos.

Por eso, a los que las ansias de conocimiento les hacen hervir la sangre saben que los enteógenos han sido el mayor descubrimiento de la humanidad, que alrededor de cada sustancia embriagante se construyen los pilares que generan una nueva cultura.  

Se dice que “en el contenido del mito de Dionisos está contenida toda la historia de la evolución del ser humano”. Poco a poco y paso a paso La Papeleta ayudará a develarlo.


Referencias:

  • El arte de manifestar el alma
  • ESCOHOTADO, Antonio, Historia general de las drogas 1, Alianza Editorial, Madrid, 1998.
  • FERICGLA, Josep M., “Apolo, Dionisos y el uso de los enteógenos”. En: Los enteógenos y la ciencia. Nuevas aportaciones científicas al estudio de las drogas, Colección Cogniciones, Los libros de la liebre de marzo, pp. 25-48.

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