Dudar

¿Qué pasa cuando creamos la duda, cuando la
invitamos y convertimos en algo real? 

Esta realidad que se nos quiere imponer desde tantos ángulos no es la única que existe ni la única en que podemos vivir.

Para verlo hace falta salir.

¿Salir de qué?

De la realidad que regularmente habitamos, esa que diariamente vivimos.

Es una realidad tramposa, en la que se venera el prejuicio y lo socialmente aceptado.

A la larga termina por obnubilarnos a todos.

El antídoto es dudar.

¿Dudar qué?

Todo.

¿Por qué no?

Si evaluamos y sometemos a juicio lo que damos por descontado sólo será para nuestro beneficio. Lo que es cierto saldrá victorioso ante la injuria y la calumnia. Aquello que simplemente creemos dejará de gobernarnos.

No voy a mentir. Es aterrador el momento en el que nos damos cuenta que el andamiaje de nuestras convicciones está basado en prejuicios. Pero asusta y libera al mismo tiempo.

Da miedo porque tan pronto encontramos la primera grieta presentimos que el mundo no es lo que parece. Es un golpe muy duro que algunos prefieren no aceptar. Pero con esa grieta se abre el rompecabezas. Ya no hay vuelta atrás. Empiezas a dudar. Y en la duda empieza el camino a la libertad.

Al dudar aumenta tu confianza en ti mismo. Te das cuenta de que tú eres el juez, que los demás pueden decir lo que quieran, de las formas que quieran, pero que te corresponde a ti elegir.

Por mucho que lo quieras, nadie puede pensar por ti. Podrán exponer sus casos, podrán presentar su evidencia, pero en últimas, la decisión final te corresponde a ti.

Es una responsabilidad de la que no puedes escapar. Puedes evadirla, pero tendrás que asumir las consecuencias de esa evasión. Por lo general no son bonitas.

Dudar significa cuestionar, hacer preguntas.

Cuestionar no es negar. Tampoco es invalidar.

Así como la verdad no deja de ser cierta al ignorarse, dudar de lo verdadero no lo tiñe ni lo daña. Si acaso lo fortalece.

Indagar nos permite saber y recordar que nacimos para entender, estar despiertos y mantenernos con los ojos muy bien abiertos.

¿Qué pasa cuando creamos la duda, cuando la invitamos y convertimos en algo real?

               “Buenas noches Acertijo, pase usted. Cuénteme, ¿qué tiene hoy para mí?”.

               “Tengo la pregunta, el interrogante, la posibilidad de conocer, de entender, de empezar a validar. Conmigo te transformas de espectador en detective, construyes tus propios casos, inventas una nueva realidad para expresarlos, te atreves, exploras, te retas a encontrar el meollo de la cuestión. Rastreas las implicaciones y las haces evidentes para ti. Las abordas desde varias perspectivas y cambias las preguntas, iluminándolo todo con tu particular luz. Mis aliadas son la incertidumbre y la capacidad creativa. La resolución de problemas es mi mejor amiga. ¿Qué dices? ¿Te animas?".

Dudar. El antídoto al aburrimiento. La fuente del conocimiento. El trampolín a la imaginación.


Créditos imagen: Copyright: <a href='http://www.123rf.com/profile_haywiremedia'> / 123RF Stock Photo</a>Caption

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