Autismo: las cifras del CDC

Fumar NO causa cáncer - CDC 1958
Las vacunas NO causan autismo - CDC 2012  

Por: Carolina Contreras

Lo fascinante de las cifras es que las respuestas que nos dan dependen de las preguntas que les hagamos. Las posibilidades son infinitas, como todo lo que tiene que ver con la imaginación.

Cada quien interpreta según su conocimiento, experiencia y creatividad.

En esa premisa descansa la idea de que el conocimiento científico avanza cuando los investigadores presentan sus estudios a sus pares. Cuando otros científicos, con la misma formación y conocimiento, analizan la evidencia desde su propia perspectiva, pueden detectar errores, corroborar resultados o proponer ideas que los autores no han considerado.

Es una metodología valiosa.

El problema actual es que la honestidad y las habilidades críticas son dos de sus pilares fundacionales y parecen estar vacacionando.

Por eso quiero analizar algunos datos publicados por el CDC de EE.UU. sobre el Autismo (ASD, Trastorno del espectro autista) . 

El Centro para el control y la prevención de enfermedades (CDC) es una agencia del Departamento de Salud y Servicios Humanos de EE.UU. Su misión es “colaborar en la creación de las destrezas, la información y las herramientas que las personas y comunidades necesitan para proteger su salud, a través de promoción de la salud, prevención de enfermedades, lesiones y discapacidades y preparación para enfrentar nuevas amenazas para la salud”.

El CDC promueve incansablemente los beneficios de las vacunas, crea los calendarios de vacunación y, solamente en 2017, obtuvo más de US$6 billones del presupuesto nacional para sus programas de inmunización.

Ahora, las cifras:

1 de cada 36 niños (2.76%) ha sido diagnosticado como autista.

1 de cada 6 niños (16.8%) padece una discapacidad del desarrollo. ¿Qué significa? Volvemos a los eufemismos médicos que son tan interesantes. (Link Fuente)

Hasta 2008, una discapacidad del desarrollo encubría las siguientes posibilidades: parálisis cerebral, epilepsia, retraso mental, ceguera, sordera, autismo, problemas de aprendizaje, trastorno de hiperactividad y déficit de atención y otros “retrasos del desarrollo”. (Link Fuente)

Según el CDC en EE.UU. aumentaron los casos de autismo 300% entre 1999 y 2008 y los de discapacidades del desarrollo 17.8%. (Link Fuente)

¿Qué habrá pasado durante esos años?

Además de la vertiginosa mutación de genes causantes del autismo y del espectacular incremento en las habilidades de los médicos para diagnosticar estas enfermedades —las explicaciones científicas— yo pienso que tiene que ver con el hecho de que el calendario de vacunación aumentó el 236% entre 1997 y 2008 y con que cada vez son más tempranas y más frecuentes las ecografías en los embarazos.

A nivel mundial el autismo presenta la misma tendencia.

En Canadá los casos aumentaron 358% entre 1996 y 2004.

En Suecia, 317% entre 1979 y 1988 y 632% entre 1988 y 1994.

En el Reino Unido, 794% entre 1970 y 1991 y 404% entre 1991 y 2004.

En Japón los casos crecieron 674% entre 1977 y 1983 y 136% entre 1983 y 1994. (Link Fuente)

Es imposible demostrar que la mutación genética se dio por igual en poblaciones tan lejanas y con características tan disímiles (o en cualquier población en un periodo tan corto).

Lo que comparten estas poblaciones es su POLÍTICA DE IMAGENOLOGÍA Y DE VACUNACIÓN.

En New Jersey la prevalencia del ASD es de 1 en 28 niños, la cifra más alta que conocía el CDC hasta 2012. Puede ser que los genes de los neojerseyanos se hayan vuelto especialmente malévolos, no sé, tocaría probarlo, pero pienso que tiene que ver con el hecho de que New Jersey fue el primer Estado en requerir la vacuna de la influenza para entrar al colegio.

Un dato interesante es que esa vacuna es Categoría C, lo que quiere decir que los estudios de reproducción en animales han demostrado un efecto adverso en el feto, además de que el medicamento en cuestión no ha sido estudiado en humanos. Sin embargo, la venden como pan caliente y la recomiendan especialmente para las mujeres embarazadas.

Otro de los hallazgos del CDC es que el ASD por lo general co-ocurre junto a otros diagnósticos neurológicos, cromosomáticos, mitocondriales y genéticos. La tasa de co-ocurrencia es del 83%.

Traducción: Los niños diagnosticados como autistas tienen un profundo nivel de envenenamiento en su organismo que se manifiesta de múltiples formas.

El reporte publicado el pasado 29 de noviembre de 2017 por el CDC: Estimated Prevalence of Children With Diagnosed Developmental Disabilities in the United States, 2014–2016, (Prevalencia estimada de niños con discapacidades del desarrollo diagnosticadas en Estados Unidos, 2014-2016) presenta estadísticas muy perturbadoras (Link fuente).

En 2014, 1 de cada 45 niños había sido diagnosticado con autismo; en 2015, 1 de cada 42 y para 2016 la cifra quedó en 1 en 36.

El incremento del 23% en sólo dos años confirma que el crecimiento de la epidemia es exponencial, lo que es absolutamente aterrador.

Si miramos las estadísticas por género, vemos que 1 de cada 27.5 niños (hombres) había sido diagnosticado con autismo en 2016.

1 de cada 27.5 a nivel nacional, una proporción todavía mayor al descomunal 1 de cada 28 que se apreciaba en 2008 para los niños de New Jersey.

¿Qué habrá pasado en estos años? ¿Será que la recomendación generalizada de la vacuna del DTaP y la de la influenza en el embarazo está mostrando sus secuelas? ¿Será que cada vez es más difícil negar las negativas sinergias y consecuencias que tienen los ultrasonidos fetales y las vacunas en los bebés, en su etapa de gestación?

Los autores del reporte del 29 de noviembre del CDC aclaran, en su resumen, que "ese reporte usa una definición más restringida para discapacidad del desarrollo en la que no se incluyen condiciones como el trastorno de hiperactividad y déficit de atención ni los problemas de aprendizaje, lo que puede explicar las diferencias en los estimados".

Lo que se entiende de su nueva definición de discapacidad del desarrollo es que es una variable que contabiliza los niños que han sido diagnosticados con autismo, retraso mental y “otros” retrasos del desarrollo.

En 2014, 1 de cada 17 niños tenía autismo o retraso mental; en 2015, 1 de cada 16.5; y el 2016 cerró con 1 de cada 14.

1 de cada 14, ¡el 7% de la población infantil! ¡Y en esta serie sólo se cuentan los niños que han sido diagnosticados!

Recuerden que estos datos no los saqué yo ni nadie más de la secta anti-vacunas. Los obtuvieron los eminentes médicos científicos del CDC, respaldados por toda su ciencia dura.

Por cierto, la palabra anti-vacunas es un nombre inventado por los maestros de la infamia que saben lo útil que es dividir a la población en "pro" y "anti" para que se entretengan peleando entre ellos. “Te odio más”. “No, yo te odio más a ti…. ". Y así el debate sustancial queda relegado al olvido.

Las autoridades afirman: “Las vacunas son seguras y efectivas hasta que se demuestre lo contrario”. "El ultrasonido es una de las grandes maravillas de la medicina moderna, además de ser completamente inocuo".

Traducción: “Seguiremos experimentando en ustedes, en sus bebés, en sus hijos y en las mujeres embarazadas, hasta donde su nivel de ingenuidad lo permita. Desmentiremos cualquier reporte de desfiguraciones, enfermedades o muertes, porque sabemos cómo hacerlo. Ocultaremos la evidencia en contra, difamaremos a los que alerten a la sociedad de sus peligros y perseguiremos hasta el fin a los científicos que publiquen la evidencia que destruye nuestras afirmaciones”.

Una de las cosas que quiero que entiendan es que la carga de la prueba recae en los que garantizan que las vacunas y las ecografías son seguras y efectivas. Ellos son los que tienen que demostrar que es así y no al contrario. Sin excepción, la carga de la prueba recae sobre los que afirman que algo es como ellos dicen. Especialmente cuando quieren que su palabra se convierta en una ley ineludible.

Que la gente piense que los que afirman que las vacunas generan autismo o son los que tienen que demostrar que es así es uno de los trucos más antiguos de la propaganda.

Yo puedo mostrarles la evidencia que prueba que garantizar que las vacunas son seguras es una aseveración falsa y criminal y presionar para que se hagan debates abiertos y serios. Pero no se dejen confundir. Los que aseguran vehementemente que las vacunas son efectivas y seguras son los que tienen que demostrar que es así.

Que las vacunas sean una política estatal ya debería generar sospechas severas dentro de los individuos pensantes, capaces de emitir un juicio independiente.

Que los representantes del Estado le digan a uno: “Te obligo a que me hagas caso porque yo sé mejor que tú lo que es mejor para tí y para tu familia” debería levantar serias dudas sobre la racionalidad de su política.

Si es tan buena y la evidencia a favor es tan clara, ¿por qué no dejar que la gente elija?

¿Por qué no esperar a que las personas vean con sus propios ojos las ventajas que tienen sus recomendaciones?

¿Por qué la necesidad de obligar?

¿Por qué tantas campañas sobre la "epidemia de sarampión" que pretenden atemorizar a la población y puyarlos para que vean como sus peores enemigos a los padres que no quieren correr el riesgo de vacunar a sus hijos?

¿Por qué insistir en que todos los embarazos son de "alto riesgo", haciendo que las mujeres desconfíen de su propio cuerpo y de la sabiduría extraordinaria que tenemos los mamiferos para gestar y parir de formas respetuosas y naturales?

¿Por qué no hablan sobre la epidemia de los daños neurológicos y cerebrales, como el autismo, cuyos números son exorbitantes y sus consecuencias significativamente más devastadoras?

El 17% de la población infantil rondaba los 10 millones de niños en EE.UU. Diez millones de niños con parálisis cerebral, epilepsia, retraso mental, autismo, ceguera, sordera y “otros retrasos del desarrollo”.

Para ponerlo en perspectiva, la población entera de Bogotá es de 7 millones y medio.

Desde un ángulo diferente: cada 2 minutos se diagnostica un niño con autismo y cada 20 segundos uno con “discapacidades de desarrollo”. Según datos de 2008.

Si tenemos en cuenta la creciente tendencia de la "epidemia" no es descabellado suponer que en 2018 contaremos en mucho más de 10.000.000 las víctimas de las vacunas. Y estamos hablando sólo de las estadísticas oficiales para EE.UU.

No olvidemos que los grandes medios de comunicación tienen un rol protagónico en la desinformación que nos rodea. 

Si estuvieran interesados en la verdad se encargarían de promover y presentar debates racionales y fundamentados entre los promotores y los detractores de las vacunas, o de cualquier otro tema sensible. Pero eso nunca se va a dar porque su trabajo consiste en respaldar y difundir la posición del status quo.

Como tantas personas sacan su “conocimiento” de lo que pregonan los medios de comunicación y sus expertos, múltiples tragedias evitables agobian este mundo. 

Ojalá, como dice una de las madres afectadas, ojalá la causa del autismo fuera algo como el veneno para ratas, algo que todos pudiéramos repeler así, sin más. Así sería más fácil detener esta masacre y prevenir el sufrimiento que falta. Pero no es así. La causa son las vacunas, algo que aparentemente puede causar bien, pero que ha dañado a muchos niños.

Hace años terminó de completarse la evidencia que prueba que las vacunas generan muertes y enfermedades permanentes. Es clara, inequívoca, contundente y acumulativa. Es igual de contundente y todavía más espeluznante la que nos cuenta los riesgos del ultrasonido.

Afortunadamente no se da en todos los casos porque cada organismo es único y se defiende de manera diferente.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que aunque algunas reacciones no se manifiestan inmediatamente eso no significa que no tengan consecuencias de largo plazo.

¿O no se han dado cuenta que cada vez estamos más enfermos, que los niños sufren más y no pueden concentrarse? ¿Que el síndrome de “muerte súbita en la cuna” está aumentando y, pese a todo el dinero que se ha destinado a investigación, los médicos todavía no saben por qué es?

Nos enfrentamos a una descomunal amenaza, cercana y real, pero reconozco que es demasiado difícil de ver y todavía más compleja de aceptar. Para algunos será imposible.

Cuando finalmente admití que lo que estoy escribiendo es verdad, empecé a discutir mis hallazgos con mi esposo y mi mamá. Los dos se ponían furiosos ante mis palabras.

Mi mamá se ponía a la defensiva y me repetía lo que ella sabía de los beneficios de las vacunas. Hasta que un día le dije: “Ma, no te estoy juzgando. Entiendo por qué me vacunaste. Sé que lo hiciste con todo el amor del mundo, convencida de que era lo mejor para mí. No es tu culpa. Sin saber lo que ahora sé, yo también lo hubiera hecho”. Ahí pudo empezar a analizar objetivamente lo que le estaba mostrando.

Para que mi esposo entendiera necesité horas y horas de discusiones; le mostré videos, algunos documentales y estudios y lo llevé a analizar los ingredientes de las vacunas.

Algunas verdades no son fáciles pero no por eso desaparecen.

¿Cuándo vamos a reaccionar? ¿Cuándo sea una certeza matemática que ninguna mujer podrá conocer la dicha de tener un hijo sano?

La negación colectiva es uno de los peores obstáculos para que podamos revertir esta tendencia tan escabrosa. Yo sé que es difícil y doloroso, y por eso nos protegemos diciendo “NO, NO PUEDE SER CIERTO” y preferimos creer que como los médicos garantizan que todo está bien, pues todo está bien, y así nos alejamos, momentáneamente, del sufrimiento.

Pero podríamos detenerlo si quisiéramos, si estuviéramos dispuestos a reconocer que la evidencia contradice completamente las afirmaciones de las autoridades.

Los del CDC presentan estas estadísticas en su página y en otra sección afirman que las vacunas son muy seguras.

¿Cómo lo demuestran? Diciendo: "las vacunas son muy seguras porque nunca en la historia de nuestro país habíamos tenido vacunas tan seguras".

Piensan que somos unos idiotas completos. Puede ser lo que esperan de su programa excepcionalmente seguro de vacunas.

El mundo está pidiendo a gritos que reactivemos nuestro corazón.

Si quisiéramos, si realmente lo quisiéramos, podríamos transformar tanto caos y desolación en una fiesta en el paraíso.

Para hacerlo necesitamos dejar de confiar en la autoridad y seguir nuestra intuición.

Que alguien afirme que es demasiada la evidencia que muestra una y otra vez lo excelentes y maravillosas que son las vacunas no tiene nada que ver con presentar, analizar y discutir esa evidencia. Y mucho menos con demostrar que es convincente y confiable. 

Si lo repiten como un mantra es porque saben que para muchos es suficiente con su palabra. Porque saben que repitiendo, repitiendo y repitiendo, llega un punto en el que se quiebra la mente de los que oyen y se convencen de que oírlo tantas veces significa que es cierto. Es una vieja estratagema.

Tenemos que abrirnos a la posibilidad de entender y reconocer la verdad para que podamos unirnos y pelear de vuelta, para que podamos comprender las causas reales y ayudar a desintoxicar a los niños que ya están enfermos.

Es nuestro deber proteger a nuestros niños y defender lo que es justo y correcto que, más que palabras, son perspectivas y metas alcanzables.

 

Carolina Contreras

Carolina es escritora e investigadora, economista e historiadora. Escribe colecciones de literatura para www.ellibrototal.com y tiene www.lapapeleta.com, un blog para espíritus independientes. Lapapeleta.com es su forma de borrar los límites y de ofrecerle a los demás sus ganas desaforadas de explorar, encontrar, saber y arder con la verdad.

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